El Libro

El porqué de este cuento.


Hago lo que hago por algo muy sencillo:
ayudar desde la calma.

Vivimos deprisa, cargados de tareas.
Saltamos de una cosa a otra sin apenas darnos cuenta.
Y, muchas veces, sin pretenderlo,
enseñamos a los niños a hacer lo mismo:
a correr, a cumplir, a seguir…
antes de aprender a parar y escucharse.

Creo profundamente que los niños
—y los adultos—
necesitamos espacios donde no haya que ir rápido
para llegar a ningún sitio.

Espacios donde podamos parar.
Sentir.
Respirar.
Juntos.

Este proyecto nace justo de ahí.
De la necesidad de bajar el ritmo.
De acompañar desde la presencia.
De ofrecer cuentos que no empujen,
sino que sostengan.

Porque los niños me han enseñado algo esencial:
Cuando un niño está en calma, entiende.
Cuando se siente seguro, se abre.
Cuando confiamos en él, crece.

Por eso quise contarles mis pequeños aprendizajes
en su propio idioma.
Adaptándome a ellos.

Yo quería cuentos con fondo.
Quería respeto en la forma de contar.
Quería amor en la manera de transmitir.

La verdad, jamás imaginé que escribiría un cuento.
Pero aquí estamos…

Este cuento (junto a otros más)
ha nacido de mi experiencia preparando clases de yoga para niños.
Reflejan historias que hemos vivido juntos
y llevan un poquito de todos nosotros.

Ellos me han inspirado.
Me han impulsado a aprender.
A querer hacer las cosas bien.
A entregarles algo que tenga verdadero sentido y valor.

Este libro no solo contiene mis palabras.
También contiene mi emoción,
gratitud
y deseo sincero
de que sea realmente útil.

Un día escuché una frase que me transformó:
“Sé el cambio que quieres ver en el mundo.”

Y, este pequeño cuento tiene el potencial de ser eso.
De mejorar el mundo
al cobrar vida mediante cada uno de vosotros.

Lo más bonito es que ya ha sido puesto a prueba.
Los nombres son inventados, sí,
pero las historias han pasado el test más exigente:
el de mis alumnos y sus familias
(y también el de otros profesionales: psicólogos, profesores de yoga...).

Y sin necesidad de explicaciones,
fueron ellos quienes reconocieron lo que había detrás:
cuentos con fondo.

Porque, al final,
no es lo que decimos,
sino lo que transmitimos.

El respeto, el amor, la presencia…
esas cosas no se dicen.
Se sienten.

Y los niños, más que nadie, lo notan.

Así que, si tienes el libro en las manos,
ábrelo con el corazón.

Léelo despacio.
Sin prisas.

Deja que sus palabras te hablen
a ti
y a quienes te acompañen.

Porque a veces,
al contarles algo a los niños,
acabamos recordando
aquello que habíamos olvidado.

Ojalá este cuento siembre en ti una semilla.
Y ojalá encuentres, entre estas páginas,
un lugar donde crecer…
juntos.

Ayudar desde la calma.
Ese es el porqué.

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